Sí. Un polígrafo bien administrado sigue siendo fiable aunque llegues nervioso, y la razón es sencilla: la técnica no mide el miedo, sino la diferencia entre cómo reaccionas a las preguntas relevantes y a las de comparación. Casi todo el mundo se sienta tenso en esa silla, así que ese nerviosismo de fondo afecta a todo por igual y se cancela solo; lo que cuenta es el patrón relativo, no lo alterada que esté la persona. Con técnicas validadas, la exactitud ronda el 85-90 % según la American Polygraph Association, y la revisión de las National Academies (2003) confirma que acierta muy por encima del azar. Ahora bien, infalible no es: un estado emocional extremo, el dolor, ciertos fármacos o un trastorno de ansiedad pueden aumentar los falsos positivos. Por eso pesa más la entrevista previa, la aclimatación y el ojo de quien interpreta las gráficas que la máquina en sí.
¿El nerviosismo hace fallar al polígrafo?
No por sí solo. El aparato registra a la vez tres señales del sistema nervioso autónomo (respiración, actividad cardiovascular y respuesta galvánica de la piel), pero la decisión no se toma con el nivel absoluto de activación. Las técnicas validadas comparan la reacción ante las preguntas relevantes frente a las de comparación: si alguien está nervioso, lo está ante todas, así que la tensión general se anula y solo resalta la reacción diferencial. De ahí que un examinado sincero y muerto de miedo pueda pasar la prueba, y uno tranquilo pero mentiroso pueda no pasarla.
¿Qué situaciones sí afectan a la fiabilidad?
Hay estados que sí complican la lectura y elevan el riesgo de falsos positivos: una crisis de ansiedad aguda, un dolor físico intenso, ciertos medicamentos o sustancias, y algunos trastornos que alteran la respuesta fisiológica de forma constante. Las revisiones independientes, como el informe de las National Academies (2003), insisten justo en eso: la prueba no es perfecta y determinadas condiciones del examinado pueden distorsionar los registros. Por eso el resultado se interpreta como una prueba de apoyo, nunca como árbitro único de la verdad.
¿Cómo controla el examinador el estrés emocional?
El estrés se gestiona antes de conectar un solo sensor. En la entrevista previa el examinador explica cada pregunta (no hay preguntas sorpresa), acostumbra a la persona al equipo y fija una línea base de sus reacciones. Después repite cada serie al menos tres veces, porque un patrón que se mantiene entre repeticiones dice mucho más que un pico suelto provocado por los nervios. Y si detecta un estado emocional que impide una lectura limpia, un profesional serio detiene o reprograma la prueba antes que forzar una conclusión.
En El Polígrafo esa prueba la realiza Fernando, examinador de polígrafo y psicólogo forense, con equipo Stoelting CPS Pro y técnicas reconocidas por la American Polygraph Association. Precisamente su formación en psicología es lo que le permite separar el nerviosismo normal de una alteración que sí compromete el resultado, y actuar en consecuencia. Puedes resolver tus dudas en nuestras preguntas frecuentes antes de reservar.