El polígrafo funciona registrando a la vez varias respuestas del sistema nervioso autónomo (respiración, actividad cardiovascular y respuesta galvánica de la piel, es decir, la sudoración) mientras la persona contesta a un cuestionario preparado de antemano. No detecta mentiras de forma directa ni «lee la mente»: mide cómo reacciona el cuerpo ante distintas preguntas y compara las reacciones a las preguntas relevantes con las de las preguntas de comparación. Un examinador acreditado interpreta esas gráficas para estimar la probabilidad de que la persona diga la verdad. Con técnicas validadas, la exactitud se sitúa en torno al 85-90% según la American Polygraph Association, y la revisión de las National Academies (2003) confirma que aciertan muy por encima del azar, aunque no es infalible. El equipo por sí solo no decide nada: lo determinante es cómo se formulan las preguntas y quién lee los registros.
¿Qué mide exactamente el polígrafo?
El polígrafo capta tres canales fisiológicos a la vez a través de sensores colocados en el cuerpo. Unas bandas neumográficas en el tórax y el abdomen registran el ritmo y la profundidad de la respiración; un manguito de presión mide la actividad cardiovascular (frecuencia cardíaca y presión); y unos electrodos en los dedos recogen la respuesta galvánica de la piel, es decir, los cambios de sudoración que produce el sistema nervioso. Ninguna de esas señales «dice» por sí misma si alguien miente: lo que se analiza es la variación relativa de las tres cuando la persona responde a cada pregunta.
¿Cómo se desarrolla la prueba paso a paso?
La prueba tiene tres fases. En la entrevista previa el examinador revisa una por una todas las preguntas con la persona (no hay preguntas sorpresa) y la aclimata al equipo. Después coloca los sensores y realiza la prueba, repitiendo cada serie de preguntas al menos tres veces para comprobar que las reacciones son coherentes y no un pico aislado por los nervios. Por último viene el análisis: el examinador puntúa las gráficas y expresa el resultado en términos de probabilidad, no como una certeza absoluta. La prueba en sí dura entre 60 y 120 minutos y la cita completa entre 2 y 3 horas.
¿De dónde viene el polígrafo? Un poco de historia
El instrumento nació en 1921 de la mano de John Larson, que registraba de forma continua los cambios en la presión sanguínea. En la década de 1930 Leonard Keeler lo perfeccionó añadiendo la medición del pulso y la respiración y un sistema de registro sobre papel, y en 1945 John Reid incorporó la actividad muscular. El salto a lo digital llegó en 1992, cuando Stoelting comercializó el primer polígrafo informatizado, que mostraba las gráficas en pantalla en lugar de en papel. Hoy los equipos son digitales, compactos y más precisos, aunque la lógica de fondo (comparar reacciones fisiológicas ante distintas preguntas) sigue siendo la misma.
Entonces, ¿es fiable?
El polígrafo es una herramienta de apoyo, no un oráculo. Bien administrado alcanza el 85-90% de exactitud, pero puede producir falsos positivos y su resultado depende siempre de la formación del examinador y del estado del examinado. En El Polígrafo la prueba la realiza Fernando, examinador de polígrafo y psicólogo forense, con equipo Stoelting CPS Pro y técnicas reconocidas por la American Polygraph Association; su formación en psicología es lo que permite formular bien las preguntas e interpretar correctamente los registros. Si quieres profundizar, puedes consultar la ficha del detector de mentiras o si un polígrafo puede detectar mentiras por omisión.